Volar nunca fue tan barato como lo es hoy. Es la consagración de un concepto nacido en Estados Unidos y que empezó como una aventura empresarial en Europa hace poco más de una década. Nadie podía imaginar que hoy se haya convertido, con el petróleo, en la gran amenaza de las compañías tradicionales. Hasta tal punto, que han empezado a exportar «sus técnicas» a sus compañías tradicionales. Volar en una compañía de «low cost» es eso, simplemente volar, desplazarse de un lado a otro, generalmente dentro de un mismo continente. No es de extrañar que también sean conocidas con el término «no frills» (sin adornos). Para poder ofrecer a los pasajeros precios similares a los de un taxi en un vuelo Madrid-Londres estas aerolíneas, que configuran sus aviones con una clase única (turista), recortan al máximo sus costes en cátering, servicio a bordo, comercialización y distribución y basan sus ventas en el soporte electrónico. Su auge ha venido acompañado por un cambio en los hábitos a la hora de viajar de los turistas. Desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, el turismo mundial cambió sus tendencias, y las aerolíneas, en especial las estadounidenses, empezaron a sufrir las consecuencias en sus cuentas de resultados. Los viajes son ahora más frecuentes, pero muchos más cortos, los destinos son más próximos y el concepto ahorrar comienza desde la compra del billete. Ahí es donde entran en escena las «low cost».

Lo que parecía el sueño de unos pocos visionarios se ha convertido en una realidad empresarial. Las compañías de bajo coste han ido incrementando su presencia, sus rutas, mejorando y ampliando su flota, y todo ello se ha traducido en mejores resultados económicos.

Nombres como los de Easyjet, Ryanair, Air Berlin o Vueling están en la memoria de todos. Easyjet comenzó a operar en 1995. Aquel año apenas transportó 30.000 pasajeros. Diez años después es la segunda aerolínea más grande de Europa en este sector, transporta 29,5 millones de personas, más que la propia Iberia. Sus resultados económicos han ido en paralelo. Si en 1995 la compañía ganaba 6 millones de libras, en 2005 los beneficios han ascendido a más de 68 millones.

Air Berlín, que se define como un híbrido entre línea aérea tradicional y «low cost», transportó a12 millones y facturó 1.000 millones de euros, consolidándose así como la tercera compañía de Europa. En 1978 contaba con un sólo avión alquilado, un Boeing 707; actualmente, dispone de una flota de 51 aviones en permanente aumento, gracias a un pedido de 70 aparatos a Airbus.

La irlandesa Ryanair es la líder indiscutible del sector en el Viejo Continente. El pasado año transportó a 35 millones de pasajeros y obtuvo un beneficio récord de 237 millones de euros. La previsión de su presidente, Michael O’Leary, es transportar 70 millones de pasajeros en 2012. Para ello, acaba de firmar con Boeing la compra de 225 aparatos, con opción a otros 200 más. Dentro de la continua renovación de estrategias comerciales de estas compañías, Ryanair acaba de anunciar que reducirá sus tarifas un 9% a quienes facturen «on line» y lleven únicamente equipaje de mano. A cambio, empezará a cobrar 3,5 euros por facturar maletas. Es una agresiva forma de agilizar los embarques, vitales para el futuro de estas compañías.

La última en llegar al mercado de las «low cost» ha sido la española Vueling. Esta compañía inició sus actividades en julio de 2004 con una flota que se reducía a dos aviones Airbus. La empresa tiene previsto disponer en diciembre de este año de 16 aparatos. En poco más de un año de vida la aerolínea ha abierto su segundo centro de operaciones en Madrid.

En continua expansión. Como indican las cifras que mensualmente recoge Aena, la llegada de turistas en líneas de bajo coste representa cada vez un porcentaje más alto sobre el total. Durante el pasado año, 40,7 millones de turistas, el 73,3% del total, llegaron a España en avión, según datos publicados por el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio. Pues bien, casi un tercio de los pasajeros llegaron a España en compañías de bajo coste, lo que supone un incremento del 30,8% respecto al año anterior. Las compañías aéreas tradicionales mantuvieron prácticamente inalterado su porcentaje. El «boom» de las compañías de bajocoste se ha notado especialmente en la masiva llegada de turistas en 2005 a Cataluña, Baleares o Andalucía.



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