A Estados Unidos le crecen los enanos. Mientras Washington intenta frenar el programa nuclear iraní en el seno de la ONU, la tensión ha vuelto al Paralelo 38, que separa a las dos Coreas desde el fin de la guerra en 1953. Tal y como se sospechaba desde finales de agosto, el régimen estalinista de Pyongyang ha estado preparando un ensayo nuclear que, según anunció ayer su Ministerio de Asuntos Exteriores, llevará a cabo próximamente.

“La amenaza extrema de guerra nuclear, las sanciones y la presión ejercida por EE. UU. obligan a la República Democrática Popular de Corea a dirigir una prueba atómica, un proceso esencial para reafirmar nuestra capacidad nuclear como elemento disuasorio y como medida de respuesta en legítima defensa”, amenazó el comunicado difundido por la agencia estatal de información Korean Central News, que no precisó la fecha del ensayo.

De esta manera tan agresiva, Pyongyang pretende “zanjar las hostilidades entre Corea del Norte y EE. UU. y eliminar la amenaza atómica de la región”, por lo que aseguró que “nunca utilizará las armas nucleares primero”. Una, como mínimo, sorprendente declaración de intenciones que contrasta con la retahíla de provocaciones que el régimen pilotado por el dictador Kim Jong-il ha encadenado en los últimos tiempos. Sin ir más lejos, Corea del Norte disparó el pasado 5 de julio siete misiles que, a pesar de caer al mar al cabo de pocos segundos, hicieron saltar todas las alarmas entre sus vecinos.

Respuesta de Japón
Las respuestas a la bravuconada de Pyongyang no se hicieron esperar y, ayer mismo, tanto el nuevo primer ministro de Japón, Shinzo Abe, como su titular de Exteriores, Taro Aso, alertaron de las consecuencias que podría tener dicho ensayo nuclear. “Sería imperdonable y tendríamos que reaccionar severamente porque esto es más serio que el lanzamiento de los misiles”, advirtió Aso a pocos días de que el recién nombrado jefe del Gobierno nipón visite Pekín y Seúl para suavizar los lazos diplomáticos con China y Corea del Sur.

En el peor de los casos, y debido al progresivo militarismo que se está abriendo paso en el imperio del Sol Naciente, esta amenaza podría servirle a Tokio para renunciar de una vez por todas a los principios pacifistas de su Constitución y dotarse también de armas nucleares, lo que tensaría las ya de por sí difíciles relaciones con sus vecinos. Mientras tanto, el Ejecutivo surcoreano anunció una reunión de crisis al más alto nivel tras conocer el desafío de Pyongyang.

Irán y Francia
El director adjunto de la Agencia Iraní para la Energía Atómica, Muhamed Saeedi, por su parte, dio ayer un paso más en las negociaciones sobre la crisis nuclear con la comunidad internacional y propuso públicamente a Francia “crear un consorcio para producir uranio enriquecido en Irán” directamente bajo su supervisión.

Francia no ha respondido oficialmente a la propuesta iraní. Las negociaciones entre la comunidad internacional e Irán prosiguen a través de las entrevistas de Javier Solana, Alto Representante para la Política Exterior en la UE, y Alí Lariyani, responsable nuclear iraní.



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